4 de agosto de 2009

Anecdotario

Revolución de 1893Cuando entraron los revolucionarios a la Casa de Gobierno de Santa Fe, al abrir los cajones del escritorio del depuesto gobernador Juan Manuel Cafferata, sólo hallaron cartas de mujeres (Escuchado de Jorge F. Schleisinger, 1954)

Juan Fuentes
Parece cierta la versión de que el Sr. Fuentes era iletrado cuando llegó a la Argentina y lo siguió siendo (según varias fuentes). Un amigo que llegó a conocerlo, cuenta que no sabía hacer un cheque y cita a la persona que los redactaba y que su fortuna provino de un matrimonio del señor Fuentes y su especulación con la compra de tierras.

Lisandro de la Torre
I. En el velatorio de la madre de Lisandro de la Torre (año 1930), realizado en la calle Mitre 835 (domicilio de la familia en Rosario), unos jóvenes del Partido fueron a darle su pésame. Inmediatamente de recibir el saludo, les dijo secamente: “los chicos están arriba” (Escuchado de Jorge F. Schleisinger)

II. El Dr. Camilo J. Muniagurria, entonces ministro de Instrucción Pública del gobierno del Dr. Molinas tenía por entonces 24 años. Su padre, médico eminente, director de la Biblioteca Argentina y escritor, era amigo de L. de la Torre. Un día Camilo J., a la sazón en Buenos Aires, visitó al entonces senador nacional y autor de un proyecto para nombrar una comisión investigadora del comercio de carnes, que dio lugar al famoso “Debate de las carnes”. En ese momento se había conocido el dictamen de la mayoría, que no firmaba L. de la Torre, que haría luego uno propio, en minoría. El joven le comentó entonces al senador que había leído aquel despacho de mayoría y que le había parecido sólido. L. de la Torre le preguntó inmediatamente: “Ud. conoce algo del comercio de carnes?” A la respuesta negativa de Muniagurria, replicó el gran demócrata: “Entonces no opine”. Ese hecho no disminuyó la admiración y el respeto que le tenía Muniagurria a tal punto que él mismo difundió la anécdota.

Camilo J. Muniagurria
Era a mediados de 1968. Estaba por celebrarse el cincuentenario de la Reforma Universitaria y todos los actos públicos habían sido prohibidos por el gobierno del Gral. Onganía. Salíamos del estudio del doctor Muniagurria (entonces ubicado en calle San Lorenzo 1078): éramos cuatro o cinco personas y caminábamos por la vereda norte de la calle San Lorenzo hacia el oeste y poco después de cruzar la calle Sarmiento un grupo de policías nos cerró la marcha, impidiéndonos seguir. Entonces, el doctor Muniagurria, con tono imperativo y con toda la apostura que tenía, dirigiéndose a los agentes del orden, les dijo: “¡Déjenos pasar, somos pacíficos ciudadanos ejerciendo el derecho de circular por la calle!”. Cómo obedeciendo a una orden superior, los policías se hicieron a un lado y continuamos nuestro camino.

Luciano F. MolinasSe aproximaban las primeras elecciones después de la asunción del mando por el gobernador Molinas. La prédica a favor de elecciones libres era una convicción de los hombres de ese gobierno, a tal punto que dio el siguiente mensaje: “Los que quieran intervenir en la acción política y sean funcionarios del gobierno deberán renunciar”. De otra manera no lo podrían hacer. Esa era la prescindencia oficial.

Al poner en posesión de su cargo al nuevo jefe de policía de Constitución, Antonio (Carino) D’Anna, en 1932, le dijo: “Haga un cambio fundamental de todo, que el hombre que entre en esta jurisdicción lo advierta de inmediato, si es posible, desde el aire que respire” (Era el departamento que durante muchos años había manejado Juan Cepeda).



Julio César Cueto Rúa
El Dr. Arturo Frondizi había triunfado en las elecciones del 23 de febrero de 1958, convocadas por el gobierno de la Revolución Libertadora. El presidente provisional, Gral. Aramburu, invitó al presidente electo a tomar razón de los distintos asuntos del Estado para lo que instruyó a sus ministros a fin de que se pusieran a disposición del futuro mandatario. Así fue que el Dr. Frondizi visitó al Dr. Julio C. Cueto Rúa, quien por entonces era ministro.
Después de esa reunión, preguntado por la prensa, el Dr. Cueto Rúa declaró: “Sería interesante que el pueblo supiera lo que el Dr. Frondizi opina en privado”. Asumido el poder por éste, pronto se vio que los actos de gobierno diferían de las promesas preelectorales.

Manuel T. Rodríguez
El Dr. Manuel T. Rodríguez fue senador provincial en representación del Partido Demócrata Progresista durante el gobierno del Dr. Luciano Molinas. Fue uno de los líderes del movimiento de la Reforma Universitaria de 1918, en Córdoba. Tuvo una intensa actividad política siempre en el mismo partido.
En 1958, previo a las elecciones generales del 23 de febrero de dicho año, se celebraba un congreso del Partido Demócrata Progresista en Rosario, en el local de la calle Santa Fe 972. En dicho congreso, el Dr. Rodríguez pronunciaba un discurso meduloso, como todos los suyos. En un momento, dijo: “Me parece admirable el esfuerzo que hacen los doctores Balbín y Frondizi (candidatos de las dos fracciones en que se había dividido la Unión Cívica Radical), que recorren toda la República constantemente, pero yo me pregunto: Y cuándo estudian?”.

De Gregorio Armas

“Yo te saludo Rosario, ciudad de Castagnino, Astengo y Benvenuto, donde fracasan los intelectuales y triunfan los gringos brutos”.


El diputado Nemesio García
El hecho sucedió el 27 de octubre de 1922. La Cámara de Diputados de la provincia había fijado como días de sesión los viernes y sábado. Pero los sábados nunca se hacía la sesión por falta de quórum. Ese día debía considerarse el presupuesto y el empréstito de $35.000.000.- muy controvertido. Insólitamente dos diputados radicales se ausentaron y no se pudo sesionar. El doctor Mario Antelo, diputado demócrata progresista, se apersonó al presidente de la Cámara, doctor Freyre, para buscar la manera de hacer la sesión. El presidente le aseguró al doctor Antelo que la mayoría de los diputados se habían ido “a sus departamentos”, por lo que no podría realizarse la reunión. Así que los diputados del sector demócrata progresista también viajaron a sus domicilios. Insólitamente, el día sábado aparecieron 21 diputados radicales e intentaron sesionar. Les faltaba uno para el quórum. El diputado demócrata progresista por Caseros, don Nemesio García, se había quedado en Santa Fe por razones personales y se hallaba en el local de su bloque, en la Legislatura. La Cámara resolvió citar a los inasistentes por la fuerza pública. Aprovechando su relación personal con García, un diputado radical pretendió hacerlo salir, pero presintiendo la maniobra, se encerró en su bloque y le hizo saber que si pretendía entrar por la fuerza, se resistiría a tiros. “Y para que sepas que hablo en serio, escuchá y lanzó dos tiros al aire”. En ese momento apareció en la Legislatura el diputado radical Racamán, con lo que se consiguió el quórum. Así se evitó un acto de mayor violencia. El presupuesto y el empréstito se aprobaron en tres horas, que fue lo que demandó la lectura de los mensajes, sin ninguna discusión.

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